martes, 17 de febrero de 2015

YO NO CREO EN LOS HOMBRES: DESGARRADORA HISTORIA, CRUDA Y REALISTA

Gabriel Soto y Adriana Louvier protagonizan "Yo no creo en los hombres" una historia intensa y desgarradora que culminó en México. En nuestro país aún la puedes ver a través de América Televisión en el horario de la tarde.

Lima, 17 febrero 2015, (Por: Richard Manrique Torralva / El Informante Perú).- Culminó en México, "Yo no creo en los hombres" una inteligente propuesta melodramática llena de intensas escenas que atraparon a más de uno. En el Perú aún la podemos ver en el horario de la tarde por América Televisión.

Esta telenovela mexicana fue producida por Giselle González para Televisa. Está basada en la versión radiofónica escrita por Caridad Bravo Adams. La escritora Aida Guajardo realizó una versión libre en base a esta historia ya producida anteriormente en dos oportunidades.

ANTERIORES VERSIONES

Tras su éxito en la radio, "Yo no creo en los hombres" fue llevada al cine. La película fue estrenada en 1954 con Sarita Montiel y Roberto Cañedo como protagonistas.

Posteriormente se realizó en México la primera versión para telenovela. Se llamó "No creo en los hombres" (Telesistemas Mexicanos-1969), protagonizada por la gran Maricruz Olivier quien interpretó a María Victoria una mujer que es seducida por Arturo (Carlos Fernández). Este la abandona para casarse con otra mujer, Luisa. Después, Arturo trata de abusar de María Victoria y en medio de la lucha por no permitirlo, él muere. Ella es acusada de asesinato y va a la cárcel. Allí tiene como compañera de celda a una jovencita de quien se hace muy amiga (debut en telenovela de Verónica Castro). La historia fue producida por Ernesto Alonso.

Su segunda secuela no tuvo repercusión internacional. Se llamó "Yo no creo en los hombres" (Televisa-1979) producida por Lucy Orozco. Esta historia protagonizada por Adriana Roel y Alfredo Adame tuvo sintonía en la capital azteca, además de contar con buenas actuaciones. En ella participó nuestra actriz nacional Saby Kamalich, por ese entonces, ya encasillada en papeles de villana en la televisión mexicana. En el Perú dicha versión la emitió América Televisión en el horario de las 6 de la tarde con regular sintonía.

MODERNA ADAPTACIÓN

Esta nueva versión producida el 2014 nos presenta a María Dolores (Adriana Louvier), una hermosa joven de bajos recursos y de nobles sentimientos. Ella tiene un gran talento para confeccionar vestidos de alta costura que heredó de su madre Esperanza (Macaria). Cuando su padre es asesinado trágicamente en un asalto, conoce a Maximiliano Bustamante (Gabriel Soto), un abogado atractivo y honesto que se ofrece a ayudarla. Aunque hay una fuerte atracción entre ellos, ambos tienen compromisos sentimentales, él está por casarse con Maleny Santibáñez (como siempre efectiva, Sophie Alexander), una joven de sociedad, malcriada y caprichosa, que en realidad no lo quiere, sólo está interesada en su dinero y además lo engaña con Ari (Lenny de la Rosa), su maestro de tenis.

María Dolores es pretendida por Julián (muy bien Pedro de Tavira), quien a pesar de padecer una distrofia muscular degenerativa, enfrenta su realidad con valentía, haciéndose cargo moral y económicamente de su madre trabajando como contador, pero María Dolores siempre lo ha visto como un hermano pues crecieron juntos. En cambio, está profundamente enamorada de Daniel Santibáñez (siempre cumpliendo como villano, Flavio Medina), un hombre sin escrúpulos, que termina engañándola con una boda falsa y la abandona a su suerte estando embarazada.

Daniel se casa con Ivana Duval (Sonia Franco), una joven poco agraciada físicamente, pero brillante como empresaria, que ha sabido sacar adelante el emporio Vera Duval, empresa que heredó al quedar huérfana y dedicada a la alta costura en la que también trabaja María Dolores, además no puede tener hijos. Por su parte, Maximiliano termina el compromiso con Maleny (Sophie Alexander) al descubrir que no es la mujer que creía, pues tiene un amante.

María Dolores intenta seguir con su vida y sacar adelante a su hijo, pero Daniel continúa hostigándola para obligarla a seguir con él. En una ocasión que Daniel intenta abusar de ella, Julián trata de protegerla y Daniel termina por asesinarlo y culpa a María Dolores de la muerte. Ivana presencia el asesinato, pero no dice nada porque cree que María Dolores es una mala mujer, que engatusó a su marido y además tenía a Julián de amante.

María Dolores es encarcelada y da a luz en prisión, Daniel e Ivana le arrebatan a su hijo por la vía legal. Maximiliano toma el caso y se dedicará a demostrar que María Dolores es inocente, durante el proceso ambos se enamorarán, pues él a diferencia de lo que jamás vio en Maleny, encontrará en esta mujer todo el valor, la dignidad y el coraje con el que se ha logrado levantar y reconstruirse.

INTENSO DRAMA

"Yo no creo en los hombres" es un clásico telenovelero que denuncia el maltrato y la vejación que sufren las mujeres a manos de algunos hombres. Es una telenovela que incluso podría escucharse, como en antaño, en aquellas viejas radios donde la ama de casa sufría a más no poder con las desventuras de una mujer que sufre por el maltrato de una sujeto que la marca de por vida. La historia ha sido interpretada anteriormente por dos estrellas de siempre, Sara Montiel y la gran Maricruz Olivier quienes sentaron un precedente importante para lo que significa interpretar a una mujer con estas características.

La historia de Caridad Bravo Adams ha tenido varias similitudes con otras historias. Una de ellas es la segunda versión que tuvo "Velo de novia" (Televisa-2003). Incluso se adaptó la historia de Bravo Adams en la segunda parte de esta telenovela protagonizada por Susana González y Eduardo Santamarina cuando la protagonista es encarcelada, pero la que más se acerca a esta apasionada trama es "Sacrificio de mujer" (RCTV-1972), una historia venezolana estelarizada por la gran Doris Wells junto a un Raúl Amundaray, consagrados como pareja soñada por los televidentes de aquellos años. No importaba que ambos pasaran la barrera de los cuarenta, lo que interesaba es la sólida interpretación, romántica y sufrida de estos protagonistas. Los televidentes sentíamos en carne propia los sufrimientos de aquella mujer a la que le pasaba de todo (muerte, engaños, y cárcel hasta lograr encontrar la ansiada felicidad.

Porque de ello, trata la telenovela, un melodrama con odios, pasiones, venganza y el romance soñado que permita que los televidentes sigamos con atención cada capítulo. Y eso encierra "Yo no creo en los hombres", un melodrama actualizado a nuestros tiempos que atrapa, interesa y permite que la sigamos con entusiasmo. Aquí observamos a un grupo de mujeres traicionadas por sus propias parejas: Josefa engañada por su marido quien violó a su hija; el marido de Honoria (Cecilia Toussaint) quien prefiere el alcohol antes que su hogar, incluso destruyendo la vida de su propio hijo; Alma (Luz María Jerez) una bondadosa mujer quien soporta la infidelidad de su esposo, un reputado juez; Doris (Estefanía Villarreal) engañada por Ari (Lenny de la Rosa) quien a pesar que la ama, no soporta la pobreza ni la voluminosa figura de su pareja, e Ivana (Sonia Franco) exitosa empresaria pero rendida a los pies del malévolo de Daniel.

Aída Guajardo, quien ya nos había entusiasmado con Para volver a amar (Televisa, 2013), es la encargada de esta nueva adaptación que mantiene la idea central de la escritora con algunos aportes más acordes a nuestra vida actual.

Como decíamos, líneas arriba, la historia atrapa gracias al talento de la escritora al presentar, por ejemplo, una vecindad típica a cualquier barrio marginal, donde la pobreza y la delincuencia son las características principales de aquellas calles tan peligrosas como conflictivas. Allí conviven personajes con diferentes características. Es que, el elenco, en su mayoría, aporta muy bien con dotar a estos personajes, esa fuerza actoral que se necesita para sacar adelante determinada escena, cada cual, más intensa que la anterior.

Allí, nos encontramos ante una mujer desalmada (como siempre Azela Robinson en gran actuación) quien utiliza a la que, suponemos, es su hija, (Fabiola Guajardo) para llevar a cabo su venganza personal. La historia de ese gran secreto es la más atractiva e intensa de todas. Por otro lado, encontramos a un Julián (Pedro de Tavira) un hombre lleno de bondad ilusionado por un amor que nunca será correspondido. Las dos historias, diferenciadas como el bien y el mal, son parte crucial para que la historia de la protagonista logre el despegue que se necesita en este tipo de tramas.

"Yo no creo en los hombres" tiene temas tan arraigados en la mente del televidente promedio que es difícil no sentirse atraído por estos personajes. Así, tenemos al gigoló, el alcohólico, el vecino enamorado, la amante ávida de venganza, unido a temas actuales, como la inseminación artificial, la gordura como defecto físico o el “ojo por ojo” mostrando la amputación de los genitales de un sujeto tan pervertido como malévolo, entre otros temas donde se combina temas diarios como el consumo de cocaína y la pastilla del día siguiente.

La historia convence porque hay detalles que no pasan desapercibidos. Comencemos por esa vecindad que recuerda al de "Nino" (Perú-Argentina-1972). La diferencia radica en que, aquel barrio porteño del Buenos Aires de los setenta era casi una escenografía en estudio. Claro, eran otros tiempos. Aquí ya con todo los adelantos posibles vemos una cuidada escenografía, en planos abiertos donde los inquilinos entran y salen, todos con un problema bajo el brazo permitiendo que la edición salga perfecta tras el empalme respectivo con las tomas dentro de un estudio de televisión que logran reforzar los momentos de inquietud, pasión o intriga dentro de la historia.

PROTAGONISTAS ACERTADOS, PERO….

En líneas generales, los protagonistas convencen. Más Gabriel Soto ya acostumbrado a melodramas de este tipo. Lamentablemente ambos “no van más allá”. Se siente la falta de ese sentimiento que haga explotar la pantalla. La protagonista "María Dolores" envuelta en su máquina de coser recuerda a nuestra Saby Kamalich en "Simplemente María" (Perú-1969) pero le falta mayor fuerza interpretativa porque, se supone, que una mujer con tales sufrimientos debe sufrir y llorar para que los televidentes sepamos que verdaderamente no cree en los hombres. A pesar de no desentonar, carece de esa fuerza que le imprimía, por ejemplo, Angélica Rivera en "La Dueña" (Televisa-1995), Marina Baura en "Emperatriz" (Venevisión-1998) o Doris Wells en "Sacrificio de mujer" (RCTV-1972).

Con ello no queremos decir que Adriana Louvier no cumpla en su rol, pero la telenovela llegaría a límites insospechados si la carga emocional de su protagonista aumentara. Sin embargo, estos son escasos.

Pese a todo, la telenovela cuenta con un equipo actoral de primera. Un Alejandro Camacho en gran labor confirmando lo buen actor que es, un Flavio Medina encasillado en papeles de este tipo, pero siempre cumpliendo eficientemente. A propósito de ello, el que tenga el pelo desalineado y la barba crecida no contribuía en mucho al que le creamos que una mujer como María Dolores lo ame intensamente como, por ejemplo, si convencían Carlos Fernández o el propio Rafael Rojas en las anteriores versiones. No obstante, el actor sabe interpretar a un hombre con estas características y pronto hace que nos olvidemos de ese detalle.

Los mejores momentos son bien graficados gracias a una muy buena dirección de escena a cargo de Luis Vélez y Eric Morales, la cual nos permite ser testigos de cada una de las situaciones vividas por cada uno de los personajes sintiendo hasta cierto punto dolor o alegría.

Escenas como la muerte de Julián, el final de Claudio Bustamante viviendo con una muerta en vida, la sangrienta venganza de Josefa, el espectacular desenlace de Daniel que empieza con la muerte de Maleny, son bien detallados y levantan una trama, de veraz, atractiva. Sin duda la productora Giselle González ha logrado superar todas las expectativas con esta nueva versión. Recordemos que anteriormente la productora compartía labores con Roberto Gómez Fernández, ahora Televisa decidió separarlos para realizar proyectos cada quien por separado.

El acierto de la productora llega hasta el cierre final cuando se observa a una María Dolores junto a su hija dejando una flor en una tumba y de repente aparece Max para acompañarlas en su camino por el panteón. La escena es tierna pero a la vez intensa. La cámara enfoca una tumba. La guionista deja a criterio del televidente interpretar a quien pertenece. Para unos es del padre de María Dolores, para otros es de Julián o tal vez sea el propio Max quien realmente falleció y todo es producto de la imaginación de la protagonista. Un final como pocos.

Por cierto el tema principal a cargo de Diana Reyes que da el título a la telenovela es muy bella y le da realce a la entrada de esta historia.

Con todo, la telenovela sobrepasó todo límite de expectativa y se constituye en el primer éxito del 2015 a destacar. La trama era violenta y trágica, los momentos de acción y romance se sucedían una tras otra, es más la tensión nunca decayó. Pero, a la vez, se caracterizó por ser una historia reflexiva y humana que terminó por agradar a las mayorías. Un gran acierto de productores y guionistas.

(*) rmanrique@elinformanteperu.com
www.elinformanteperu.com

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Gran telenovela. Después de tiempo encuentro algo bueno de Televisa

Anónimo dijo...

Admirable historia. La sigo todas las tardes. No sabía que la emitían por cable en forma más adelantada. Me gusta mucho.

Unknown dijo...

Tremenda novela