lunes, 31 de octubre de 2016

UN CAMINO HACIA EL DESTINO: TAN EFECTIVA COMO IRREGULAR

Culmina "Un camino hacia el destino" una producción mexicana tremendamente efectista que tuvo un público cautivo. El excesivo empalago melodramático que envolvía la trama  lo convirtió en un producto poco atractivo.

Lima, 31 Octubre 2016, (Por: Richard Manrique Torralva / El Informante Perú).- Culmina en el Perú, "Un camino hacia el destino" la producción de Nathalie Lartilleux para Televisa que ya finalizó en el país azteca. Esta historia es protagonizada por Paulina Goto y Horacio Pancheri, con las participaciones antagónicas de Ana Patricia Rojo, René Strickler, Candela Márquez y las actuaciones estelares de Jorge Aravena, Lisette Morelos y el primer actor Gustavo Rojo.

Esta historia constituye una nueva adaptación de la telenovela producida por TV Azteca llamada "la hija del jardinero", original de Mariela Romero, realizada el 2003. Fue protagonizada por Mariana Ochoa y Carlos Torres. Además de las participaciones antagónicas de Gabriela Vergara, Alpha Acosta y Fernando Ciangherotti. Incluso contó con las actuaciones de los primeros actores José Alonso, Sergio Kleiner y Ana Ofelia Murguía.

Resulta curioso que en Televisa ya no se esfuercen en maquillar sus adaptaciones. Cómo En TV Azteca le dijeron adiós a las producciones de este tipo. En el guión de “Un Camino hacia el destino” no se cambió ni los nombres de los personajes, son los mismos de la versión de Azteca.

LA HISTORIA

En la hacienda de la familia Altamirano vive don Fernando (Gustavo Rojo), el jefe de la familia, viudo y padre de Amelia (bien Lisette Morelos), la hija mayor, y Mariana (Ana Patricia Rojo), su consentida, la niña de sus ojos.

Pedro Pérez (Jorge Aravena) es el jardinero de la hacienda. Ama en silencio a Amelia desde que tiene uso de razón. Pero ella está enamorada de Luis Montero (René Strickler), un joven estudiante de Derecho con muchas ambiciones en la vida.

Amelia se entrega a Luis cuando tiene 18 años y termina embarazada. Pero Luis la rechaza por casarse con Marissa Gómez Ruíz (Eugenia Cauduro), una banquera viuda y millonaria. Por una confusión, don Fernando llega a creer que el hijo que espera Amelia es de Pedro y corre a los dos de la casa.

Pedro, por el amor que le tiene a Amelia, guarda silencio, se casa con ella y asume la paternidad de la criatura, quien al nacer, Amelia bautiza como Luisa Fernanda (Paulina Goto). Y le restriega a Pedro en la cara que la niña se llama Luisa por su papá y Fernanda por su abuelo.

La boda de Marissa y Luis sucede en muy corto tiempo, ya que ella tiene que viajar a España por asuntos de negocios del banco que preside. Ella termina de pagarle a Luis sus estudios de Derecho en España.

Marissa tiene un hijo, Carlos Gómez Ruíz (Horacio Pancheri), quien a pesar de su corta edad no se deja engañar. Siempre ha sabido que Luis es un vividor que se casó con su madre por dinero. Esto hace que la relación entre Luis y Carlos sea insostenible, sobre todo cuando Carlos ya es un hombre.

Pasan los años... Luisa Fernanda es una hermosa señorita de 18 años, quien está terminando la prepa y tiene dos pasiones en su vida: toca magistralmente el violín, a pesar que nunca ha recibido una clase, siendo su otra pasión la siembra, hábito que aprendió de su papá Pedro.

Un encuentro provocado por el destino hace que Luis atropelle a Fernanda, terminando en el hospital donde trabaja Carlos. Sin saberlo Luis conoce a su hija a quien hará tanto daño...

DE MÁS A MENOS

La historia producida por Nathalie Lartilleux interesa, al inicio, porque plantea los conflictos entrelazados desbordando tragedia y desamor que augura que los protagonistas tendrán mil y un problema que librar. Con una narrativa efectista, deja al espectador en permanente intriga. Pese a que existe un notorio despropósito en el tema de las edades, Lisette Morelos, sobresale como adolescente engañada y luego como una amargada madre. Ella lleva el peso de la trama, no lo hace mal. Lástima que eso dure tan poco.

Podemos definir a la telenovela en dos partes bien delineadas. Primero, cuando la protagonista Luisa Fernanda, es adolescente de un instituto donde luce adorable porque es ella misma, no tiene que exagerar. Sin destacar, encanta. Lástima cuando se convierte en madre soltera y le pasa de todo. Además tiene que fingir que es una mujer con más años a cuestas. A partir de esos momentos, las cosas no caminan, la productora lo sabe y el guión se transforma en una historia aparatosamente efectista, el malo es más malo, la buena es más buena. Hay golpes, muertes, secuestros y cárcel para la sufrida protagonista. Una opaca versión 2016 de "Sacrificio de mujer", esa gran historia venezolana de los años setenta que consagró a Doris Wells.

El problema de la historia es que a los guionistas parece se le acabaron las ideas o querían mantener, a como dé lugar, la sintonía con excesos dentro de un guión que provocó más de un colerón. Por ejemplo, se pensaba que la amargada Amelia iba terminar su vida, sola, aprendiendo la lección que la vida le dio. Sin embargo luego de hacerla padecer toda la mitad de la telenovela vuelve con Pedro, quien a su vez, parecía iba a iniciar un romance con Marissa. Sin embargo todo cambió a media novela. El colmo lo constituyó la muerte de un personaje tan “blanco” e interesante como fue el de Marisa, un ejemplo del desbordado sensacionalismo sensiblero tan efectivo como aparatoso.

Cómo decíamos líneas arriba Paulina Goto, complace cuando interpreta a una joven de su misma edad, pero sucumbe cuando tiene que hacer de madre. Vuelve a ser esa inexpresiva muchachita que se inició cuando interpretó "Niña de mi corazón” (Televisa, 2010), esa desastrosa telenovela, remake de la telenovela peruana "Me llaman Gorrión" (Panamericana Televisión, Perú, 1973). Mientras Horacio Pancheri se contagia de esa irregularidad imperante en la historia dejando de lado ese porte de galán que también lucía en otras producciones.

Por otro lado, es una lástima que los personajes encarnados por Ana Patricia Rojo y Manuel Landeta no tuvieran mejor desenvolvimiento escénico. Fueron desperdiciados. Un punto curioso resulta que en los capítulos finales cuando las escenas efectivas aparecían para destapar las maldades de los villanos, el protagonista casi ni aparecía, solo se observaba escenas de los personajes secundarios. Un ejemplo que el gusto efectista complace a las mayorías porque interesa saber que otro “descubrimiento” sucederá antes que el romance se constituya. A mayor maldad, mayor sintonía.

Lo mejor del grupo actoral, lo constituye observar a Rocío Banquells haciendo de buena. La Banquells es una de las mejores villanas que tiene la televisión mexicana, aquí es lo contrario. Sin destacar, ella cumplió en un rol pobremente planteado pero al que la actriz supo darle mayor desenvoltura.

Otra participación destacada fue de nuestro conocido Gustavo Rojo, primer actor mexicano a quien los peruanos no solo le guardamos cariño y respeto sino porque contribuyó con su presencia a catapultar, en algún momento, las telenovelas realizadas en el Perú. Sus escenas junto a su "nieta" conmovieron. Su personaje, un enfermo de Alzheimer, tuvo intensos momentos dramáticos dentro de la historia.

La música fue otro aporte rescatable de “Un Camino Hacia el Destino”. Ver a Luisa Fernanda como violinista, recuerda producciones asiáticas que utilizan melodías musicales utilizando dicho instrumento.

"Un camino hacia el destino" demuestra que los guiones efectistas jamás tienen pierde, le fue bien en México y también aquí en el Perú. Una historia para pasar un rato entretenido, pero al que puedes dejar de ver varios días y luego engancharte fácilmente porque ya uno sabe lo que encontrará en cada capítulo.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Esa telenovela no tuno éxito en el Perú. Además sus capítulos fueron muy cortos.