domingo, 26 de febrero de 2017

VINO EL AMOR: SPANGLISH TELENOVELERO

Culminó "Vino el amor". Pese a todo, resultó una historia agradable.

Lima, 26 Febrero 2017, (El Informante Perú).- Culminó "Vino el amor", una historia que no fue emitida en el Perú. Inicialmente iba ser transmitida en el horario de la tarde, pero fue descartada por América Televisión, a último momento, para colocar en su lugar la nueva versión de Carrusel. Esperamos que América se anime a programarla alguna vez.

La historia es protagonizada por Irina Baeva y Gabriel Soto, con las participaciones antagónicas de Kimberly Dos Ramos, Azela Robinson y Christian de la Campa. Cuenta además con la actuación estelar de Cynthia Klitbo y un buen grupo de jóvenes talentos como Raúl Coronado, Yanet Sedano y Bárbara López.

Esta historia producida por José Alberto Castro, toca temas como el de la emigración mexicana a Estados Unidos en busca de "El sueño americano". Fue grabada en los viñedos de Napa y Sonoma en California.

La Historia

Luciana, (maravillosa Irina Baeva), una hermosa y rebelde joven que tras haber sido deportada con su padre (Alejandro Ávila) en una redada varios años atrás, regresa a Sonoma, California, para reencontrarse con su familia en los viñedos de la Bodega de los Ángeles. Por azares del destino, llega justo en el momento en el que el dueño del viñedo, David, (Gabriel Soto), está sumergido en una profunda depresión por la muerte de su esposa Lisa, (Laura Carmine), situación que ha aprovechado su ambiciosa suegra Lilian, (como siempre excelente Azela Robinson), y el abogado del viñedo Juan, (Christian de la Campa), para desviar fondos para su beneficio.

Desde que quedó viudo, David, se ha convertido en un hombre amargado, frío, duro y encerrado en sí mismo; ha descuidado a su dos hijos, Fernanda (Sofía Castro) y Bobby, (Emilio Beltrán), con quienes se ha distanciado por su profunda depresión. Ha sido su nana, Marta, (muy bien Cynthia Klitbo), la madre de Luciana, quien les ha dado el amor y protección que tanto necesitan.

Cuando regresa Luciana, su relación con David, empieza con el pie izquierdo pues la rebeldía, honestidad y frescura de ella, rompe tajantemente con la soledad que lo embarga. Rápidamente, se empieza a hacer evidente para todos en el viñedo, la inyección de vida que Luciana trae a David. Al darse cuenta de lo importante que Luciana se ha convertido para David, Lilian usa a Fernanda, la hija de David para que le haga ver a su padre que Luciana es una intrusa e interesada, que se quiere quedar en el lugar de su madre.

Por si fuera poco, Luciana se reencuentra con su mejor amigo de la infancia Miguel (buen debut de Raúl Coronado), que ahora es el encargado del viñedo y quien queda fascinado por su belleza. Y lo que pareciera una relación ideal, se convierte en algo imposible, ya que, tras los constantes pleitos y enfrentamientos de Luciana con David ha surgido una fuerte atracción.

Por su parte, Lilian, la suegra de David, tiene como principal interés convencer a su yerno de que venda el viñedo, para quedarse no sólo con la fortuna que le correspondía a su hija, sino con lo que resulte de la venta. Para ello, planea una alianza con Juan y Graciela (muy bien Kimberly Dos Ramos) para unir fuerzas y conseguir lo que cada uno desea de David: su fortuna, sus tierras y su cariño.

Por su parte, Luciana sentirá que su corazón está dividido entre Miguel y David y sólo al final encontrará con quién de los dos: vino el amor.

Spanglish telenovelero

El llamado Spanglish, un fenómeno lingüístico que comprende la fusión morfosintáctica y semántica del español con el inglés estadounidense se escucha mayormente en el cine; muy poco ha sido su inclusión en el mundo de las telenovelas. Difícil olvidar "Dos mujeres, un camino" (Televisa-1994) donde escuchaban una o dos palabras de ese tipo. También, en algunas producciones de antaño cuando los protagonistas tenían que viajar al extranjero se simulaba "el viaje" donde los actores apenas hablaban dos o tres palabras como máximo en idioma no español. Por ejemplo, en Perú, cuando José Enrique Crousillat produjo "Pobre diabla" (América Televisión-1999), enviaron a los protagonistas (Angie Cepeda y Arnaldo André) al extranjero que resultó un tour porque apenas pronunciaron dos o tres palabras en italiano. También comenzó la inclusión de “jergas o modismos” dentro la trama. Recordemos "María Mercedes" (Televisa-1992) a través del personaje de Memo (debut de Fernando Colunga) pronunciando palabras en inglés dentro de su "español urbano".

Cómo se lee, los artilugios lingüísticos, poco a poco, ingresaron con fuerza a las telenovelas. Esto le daba cierta frescura a la trama y la historia se volvía más entretenida. Pero, jamás hubo una producción que incursionara en muchas de sus escenas con algunos módicos extranjeros (spanglish) e incluso presentando escenas en idioma extranjero (en este caso el inglés) y con subtítulos en español.

José Alberto Castro nos presenta una historia de este tipo, con muchas escenas en idioma inglés que le da verosimilitud a una trama que empezó bien, pero fue decayendo por la excesiva lentitud de sus escenas y diálogos. Es que, si uno, se queja por los excesivos efectismos incluidos en algunos guiones para captar sintonía, aquí también sucede lo mismo, pero con excesiva pausa. A media novela, uno observa que los capítulos pasan, uno tras otro, donde solo vemos diálogos redundantes y nada más.

Monotonía exagerada

Vino el Amor” fue un remake de la telenovela chilena La Chúcara. Por la idea central que planteaban ("El sueño americano" y la comercialización del vino) se fue apartando del guión original.

El güero Castro y sus guionistas encabezado por Janely E. Lee plantearon una historia romántica en medio de los avatares de estos dos problemas tan comunes en la frontera con México. La trama se consolidaba porque volvía a esos estilos, para algunos desfasados, de los años sesenta donde prevalece la narrativa antes que la acción. Los guiones volvían a mostrarse contundentes y la caracterización del personaje por parte de los actores contribuía a que la historia salga adelante.

Lástima que los últimos 30 capítulos terminaron por derrumbar la buena temática que allí se planteaba. Luego de la muerte del sheriff, (Juan Vidal), la historia comenzó a dar tumbos. El guión se convirtió en redundante, parece que todos los conflictos deseaban revelarse solo al final dejando para los capítulos diarios una redundancia narrativa (Luciana quiere a David pero Graciela se lo impide). Ello fue atosigando la historia donde uno simplemente hacia el zapping de rigor para ver otras producciones porque lo que uno veía aquí era más de lo mismo con una lentitud insoportable.

Recordemos que los estilos narrativos eran muy comunes en las telenovelas de antaño. Desde Simplemente María, María Isabel o Muchacha italiana viene a casarse, los largos diálogos con música melodramática de fondo cautivaban a la teleaudiencia de aquellos años. Eran otros tiempos. Hoy con ese estilo efectista (maldades y asesinatos al extremo) el contar historias donde solo predominen los gestos y estilos interpretativos además de encendidos diálogos deben ser rigurosamente estructurados si es que se quiere realizar este tipo de lecturas.

Pese a todo, el güero Castro probó hacerlo y le iba bien. Sin embargo en tiempos del amor libre, el internet y las redes sociales, ello debió haber sido combinado con algunos momentos de acción. Aquí, muy de vez en cuando observábamos un asesinato o una maldad desproporcionada hasta que ocurrió la muerte del sheriff (una escena bien lograda). A partir de allí, la monotonía se apoderó de la trama. En todo caso se esperaba que la "explosión narrativa" sea observada, siquiera, en los capítulos finales, pero nada de eso sucedió.

En el capítulo final, hasta el destape de las villanías de Graciela y su enfrentamiento con su madre, todo era intenso y bien logrado (gran enfrentamiento actoral entre Kimberly Dos Ramos y Azela Robinson), pero allí acabó todo. La prematura muerte de Graciela (rodó por las escalera y murió) terminó por seguir con agrado su conclusión. Faltaba el remate final, el que David le reclamara todas sus vilezas o una muerte más efectista. Algo parecido sucedió con Miguel (muy bien Raúl Coronado) cuya conclusión de su personaje simplemente queda en el aire.

Los guionistas quisieron realizar algo diferente pero hay que tener presente que el público está acostumbrado a lo que siempre le ofrecen. Maldades castigadas y amor consolidado. Incluso la muerte de Graciela reveló una serie de incongruencias narrativas, del cual no nos ocupamos porque simplemente la ficción te da licencias de este tipo. Pero, mínimo Graciela merecía un mejor castigo, ni que decir el malvado de Juan (Christian de la Campa).

Buen grupo actoral

Lo mejor de “Vino el Amor” estuvo en el casting. En líneas generales todos cumplieron su labor. La mejor Irina Baeva, con una expresión interpretativa distinta a la que observamos en "Pasión y Poder" su primer papel. Sin duda constituyó toda una revelación. Mientras, Gabriel Soto, sin gustar, destaca. Es un galán consolidado que se acopla al papel que le pongan.

Otra actriz destacada fue Kimberly Dos Ramos quien brilló como Graciela, tuvo un buen complemento con la gran Azela Robison que a su vez tenía un buen enfrentamiento actoral con Cynthia Klitbo. Por el lado del talento juvenil, Raúl Coronado podría ser el futuro galán a tener en cuenta, (recuerda mucho a los inicios de Carlos Bracho). El papel como rival de Gabriel Soto, no lo amilanó. Por el contrario. Hay que seguir de cerca su desarrollo actoral.

Pese a todo, “Vino el Amor”, se seguía con agrado. Por momentos uno recordaba a "La Zulianita (Venevisión-1976) cuando Lupita Ferrer y José Bardina no consolidaban su amor por las villanías de la gran Chelo Rodríguez, pese a que esos largos diálogos y las rusticas escenografías de la época, no impedía que se observe la historia con agrado.

Aquí el talento actoral ayudó mucho para que la historia no resbalara. Esto unido a los bellos paisajes donde fue rodado. Eso sí, las locaciones de las calles de Sonoma (California) eran muy pobres. Las casitas parecían de cartón y los decorados demasiado rígidos para una ciudad que se supone es bien recorrida. Al ver esa pobre escenografía, nosotros evocamos la telenovela peruana "Gorrión" (Panamericana Televisión-Perú-1995), donde debutó Christian Meier y que fue, a su vez, un remake del clásico peruano de 1972, en la que se observó algo parecido y fue sumamente criticado. Por otro lado, las escenas en la fábrica de vino eran estáticas con cajas, botellas y tanques inamovibles. Siempre limpio y ordenado.

Vino el Amor”, no defraudó pero pudo ser mejor.