miércoles, 18 de julio de 2018

Ojitos hechiceros: romance musical con un final tantas veces mostrado

Pese a todo, 'Ojitos hechiceros' no desentonó. Michelle Alexander confirma que las historias localistas, son su 'fuerte'.

Lima, 18 de Julio 2018, (El Informante Perú).- Llegó a su final "Ojitos hechiceros", la historia producida por Michelle Alexander, que le diera un gran resultado en sintonía. Nunca bajó de los primeros lugares. Esta producción devuelve a Del Barrio Producciones a sus orígenes 'localistas' con más aciertos que sinsabores debido a la vieja fórmula usada por la productora, que jamás tiene pierde, debido a que llega al gusto popular en base a tres puntos fundamentales (historia nacional, música popular y tragedia social).

Ojitos hechiceros: Cantando con el corazón’, es el título original de esta producción nacional realizada por Del Barrio Producciones para América Televisión. La historia finalmente se llamó Ojitos hechiceros, está protagonizada por Melissa Paredes y Sebastián Monteghirfo, producida por Michelle Alexander.

Romance en cualquier lugar de Lima

La pequeña Estrellita (Alessia Lambruschini, toda una revelación) y su padre, Nelson López (Emilram Cossio) que fue abandonado por su esposa Flavia, (Carolina Infante en buena actuación), pasan toda clase de penurias. Injustamente Nelson pasó toda una vida separado de su hija por un crimen que no cometió. Él, le inculcó a la niña la pasión por el canto. Pasan los años y Estrella (Melissa Paredes) se convierte en una gran cantante; en ese mundo conocerá a enemigos, amigos y el gran reencuentro con su padre pasando y esquivando grandes problemas.

Apenas adolescente se enamora de un hombre mayor, Joao Quintanilla, (nuevamente Rodrigo Sánchez Patiño en impecable labor). Pronto se dará cuenta que el hombre en quien confía es un machista mujeriego que termina golpeándola y abusando de ella. Su verdadero amor es Julio César (Sebastián Monteghirfo) un amigo de la infancia a quien no veía desde la muerte de su amigo "Coquito" (Rómulo Assereto en buen papel) y que la marcó en su niñez. El amor renace en la vida de Estrella pero la tragedia la sigue persiguiendo.

Historia que agrada

Sin duda, las producciones de Michelle Alexander siempre han sido objeto de toda clase críticas. Desde sus miniseries irregulares, hasta sus romances rosas sin pegada, podemos discrepar en mucho con los productos que ofrece, pero no podemos negarle, el talento que tiene para desarrollar historias localistas, extraídas del acontecer diario de nuestra urbe. Tiene a un estupendo guionista (Eduardo Adriánzen) quien sabe de memoria la forma cómo crear historias nacionales que combinen el romance con la tragedia que padecemos a diario en nuestro convulsionado país. Desde "Los de arriba y los abajo" (ATV-1989), Adriánzen ha desarrollado ficciones parecidas, todas arrancadas de nuestras páginas diarias limeñas.

Pero, así como su acierto radica en la inteligencia por crear historias localistas de impacto, ha sucumbido cuando ha intentado expandir el romance hacia mundo imaginarios paralelos (Colorina. América Televisión. 2018). En resumen, es hábil en el manejo de historias urbanas, pero resbala en folletines rosas.

Luego de la irregular 'Colorina' (América Televisión. 2018), Michelle Alexander nos presenta un romance popular, propio de aquellos barrios donde la maldad y el amor parecen convivir tranquilamente entre drogas, chantajes y muertes. Lo curioso es que la historia, desde el arranque funciona, y deja sorprendido a más de uno.

Niña encantadora

Para empezar, los inicios son sencillos y hasta nostálgicos, uno se maravilla al observar esa toma abierta, desde un pequeño cerro, donde la cámara enfoca la zona más popular de Lima, lleno de caseríos, ambulantes y mototaxis que le dan realismo y sentido a la escena mostrada. A ello se une la dulce y angelical imagen de la niña Alessia Lambruschini, quien resulta un grato descubrimiento de Alexander. No es casualidad que la pequeña también figure en su siguiente proyecto llamado 'Mi Esperanza'.

La niña es encantadora e irradia simpatía, junto a un experimentado Emilram Cossio protagonizan unos intensos primeros capítulos. Los momentos en que ambos toman el microbús y la cámara ‘entra con ellos’, acerca al televidente con ese mundo diario que vemos día a día. La expresión de los pasajeros y la interpretación del clásico que da vida a la historia (Ojitos hechiceros) son de lo mejor. Le da encanto y efectividad a una trama que no desentona debido a que el enganche resulta ‘simultáneo’ junto al accionar de los villanos, que conviven en sus vidas. Las actuaciones de Carolina Infante y Gilberto Nué, ‘Alipio y Flavia’, contribuyen a que el interés jamás decaiga.

El acierto de los libretistas es que la historia nunca deja de interesar por la identificación del público con la realidad. A ello habría que agregar, los cambios en la imagen de sus actores fetiches. Alexander ya tiene su grupo de actores identificados con cada uno de sus producciones. Aquí observamos a varios de ellos ofreciendo interpretaciones peculiares y con un look (imagen y vestuarios disímiles); que resulta importante para ofrecer una mejor caracterización del personaje a interpretar. Ejemplo, a destacar, Miguel Ángel Álvarez como Jeffrey "Mondonguito" Vega o Nicolás Galindo interpretando a Jair Gómez.

Sin duda, el desarrollo de la historia se centra en la evolución de una cantante en ascenso pese a la envidia y tragedia que ocurre a su alrededor. Incluso, se aprovecha del talento de la pequeña Alessia para ofrecernos canciones clásicas del cancionero popular (cumbias emblemáticas) interpretadas por la niña y, posteriormente por Melissa Paredes (Estrella adulta). La modelo, hoy actriz no decepciona en su debut actoral. El físico mostrado, producto de su embarazo, no ayuda en mucho para una mejor proyección de su imagen, pero la modelo aprende 'bien la lección' y no desentona porque está bien escogida para el papel. Difícilmente otra persona pueda desarrollar un papel, tal como estaba pensado por la productora. En eso demuestran tener buen olfato artístico, Alexander y sus colaboradores.

Cómo señalamos, un acierto resulta combinar el drama con la música; el magnetismo es instantáneo, al escuchar esos clásicos de la cumbia incluidos en un melodrama romántico. Sin embargo, uno de los momentos más atractivos no solo está centrado en la vida de los protagonistas; sino en una pareja secundaria, quizás poco desarrollado, por lo que representaba dentro de la trama. Ser una historia paralela ‘de colchón’, vale decir ‘una vida más’ en el mundo de Estrellita. Nadie esperaba que el romance entre Lester (Micky Moreno) y Nataly (Gina Yangali) crezca y se convierta en un hechizo melancólico gracias a la canción 'Necesito un amor’ de los hermanos Yaipen, convertida en una preciosa balada. La historia se vuelve más que atractiva, no solo por el triángulo amoroso que se teje alrededor, sino por las escenas románticas bajo los acordes de esta intensa balada que se apodera de la pantalla. Esto recuerda mucho al romance de ficción entre ‘Cheíto’ y ‘Mariana’ (Abigail. RCTV. 1988), un romance secundario que se apoderaba de la trama, igual sucede aquí.

La vida de los integrantes de la orquesta no desentona. Todo lo contrario. Un atractivo resulta el retratar crudamente el submundo de las drogas y ver el cambio de personalidad de Rolando (Martín Velásquez) atrapado en dicho submundo; así como la vida paralela de Mario Gavilán (siempre destacando el gran Óscar Carrillo) en amoríos con Sabrina (Cielo Torres) cuyo mano a mano musical con Estrellita al compás de conocidas cumbias, es otro de los motivos de enganche.

Excesos empalagosos

Cómo ya es costumbre, Adrianzén, fiel a su estilo, inserta a la trama el lado corrupto de nuestra política diaria. Felizmente, por el bien de la historia, no repite, Trilce Cavero, el papel de una fiscal corrupta. Esta vez Cath Aguilar interpreta a la desalmada Donatela Díaz quien cae presa por encontrarse en su poder una agenda, escrita por ella, donde describía sus fechorías que la terminan complicando (cualquiera parecido con nuestra realidad política no es coincidencia).

Si bien la historia genera interés. El problema se presenta cuando se le inyecta el melodrama empalagoso, además de un cambio de giro en la personalidad de algunos villanos. Adrianzén, que debe haber visto muchas telenovelas, sabe que el desquiciar, casi al borde de una demencia, a determinado personaje (en este caso, el interpretado por Maricielo Effio) puede resultar atractivo al televidente, siempre que su conclusión resulte tan impactante como su exagerada psicosis. Recordemos, el personaje de Gabriela Goldsmith, en la primer versión realizada en México de 'Simplemente María' (Televisa. 1989), quien fue criticada por no tener sentido, dentro de la ficción, su 'exagerada' locura, concebida solo para levantar sintonía y enganchar televidentes. No así, por ejemplo, el memorable personaje, ‘Tina,’ interpretada por Katia Condos en 'Cosas del amor' (América Producciones. 1998), una personalidad tan descriptiva que justificaba su presencia y final. Aquí Clarisa (Maricielo Effio), sufre una psicosis demoníaca, tan disparatada como su irregular castigo.

Final apático

Ojitos hechiceros’ genera adeptos, pero decepciona a partir del accidente de Estrella, tantas veces mostrada como tan exageradamente realizada. Los guionistas (Claudia Sacha, Jimena Ortiz de Zevallos y Regina Limo), deben comprender que un libreto entregado por la dupla compuesta por Víctor Falcón y Eduardo Adrianzén, debe ser, no solo descriptiva y detallista, sino tratar de innovar, no volviendo a mostrar lo realizado en otras producciones trabajados por ellos mismos. Michelle Alexander debe exigir a su grupo de creadores preparar finales impactantes y novedosos cierres de novela. El público ya percibió lo que nosotros ya habíamos reparado en anteriores comentarios. En todas las producciones de Alexander, se intenta asesinar a la protagonista, hay cárcel para uno de los villanos, y las malas protagónicas no tienen castigo, ‘sobreviven’ para posibilitar una posible continuación.

Por otro lado, el atentado a Estrella resultó de lo más simplista y tan poco trabajado que sacó a relucir las falencias artísticas de Melissa Paredes. Incluso esa vuelta 'al más allá' resulta tan desproporcionado dentro de esta trama, caracterizado por los problemas mundanos de nuestra ciudad, que esos 'sueños románticos' está concebidas más para telenovelas rosas que para tramas localistas.

El capítulo final nos vuelve a mostrar lo mismo de siempre. Estrellita triunfa en el escenario, mientras las villanas unidas frente a una misteriosa mujer juran vengarse de la protagonista (la madre de Estrellita ya no tiene un sentido lógico justificado, sino parece ‘contagiada’ de esa psicosis neurótica ‘al extremo’, incluida para generar suspenso y dar paso a una posible segunda temporada) ¿Otra vez?. Bueno, ya lo hemos sostenido, en plena moda Netflix nos resistimos alargar una historia solo por obtener provecho propio. Del Barrio Producciones ha demostrado que su fuerte son las historias localistas. ‘Ojitos hechiceros’ no defrauda, tampoco el capítulo inicial de ‘Mi Esperanza’, no malogremos un guión, so pretexto, de sintonía asegurada.



No hay comentarios: