viernes, 12 de octubre de 2007

“EL AMOR NO TIENE PRECIO”: IRREGULAR PRODUCCIÓN SIN NINGÚN ATRACTIVO


Lima, 28 Setiembre 2006, Por: Richard Manrique Torralva / El Informante.- Luego de la irregular “Inocente de ti”, Televisa realiza otra de sus telenovelas fuera de México. Y así, tenemos esta producción de Alfredo Schwarz, llamada "el Amor no tiene precio", como responsable del proyecto junto a la empresa Fonovideo Productions realizada en la ciudad de Miami, Florida.

Tenemos entonces otra de las producciones "made in Miami" que desde hace un tiempo copan las televisoras latinas (una de ellas la peruana) con un derroche de producción y el peso actoral de importantes actores ya “jubilados” en su mayoría, en sus países de origen, pero que han encontrado en dicho emporio televisivo el resurgimiento en sus carreras.

Así tenemos en el aire "el Amor no tiene precio" que cuenta la historia de María Liz (Susana Gonzáles) quien vive en una pobre vecindad junto a su abuelo materno quien pierde su fortuna por una caída en la bolsa de valores, y el golpe adicional de la muerte de su hija afectó su mente.

María Liz se recibe de enfermera, puede encontrar trabajo para mantener a su abuelo, a la par que también ayuda en lo que puede a su novio, Marcelo (Víctor González), que estudia la carrera de ingeniero. Pero Marcelo es un hombre egoísta que sólo piensa en terminar su carrera y marcharse de la vecindad en cuanto consiga un buen trabajo.

Mientras en un barrio elegante de la ciudad vive Sebastián (Víctor Noriega) con su madre, Doña Lucrecia (Susana Dosamantes) quien fue despojada de la fortuna que heredó de su esposo.

Marcelo consigue trabajo en la constructora donde trabaja Sebastián y de inmediato se olvida de su promesa de matrimonio a María Liz. Comienza a intrigar para quedarse con el puesto de Sebastián... y con su prometida, Araceli (Eugenia Cauduro), que es la hija del dueño de la constructora. Mientras cuando un trabajador resulta herido en un accidente, Sebastián lo lleva al hospital donde trabaja María Liz. Aunque su primer encuentro es conflictivo, Sebastián reconoce que es muy buena enfermera y al poco tiempo la contrata para que atienda a su madre. Pero Doña Lucrecia comienza a hacerle la vida imposible a la joven cuando se da cuenta de que su hijo se está enamorando de María Liz, y ella de él. Doña Lucrecia quiere para su hijo la seguridad económica y el nivel social que le daría su matrimonio con la frívola y superficial Araceli.

Viendo “El amor no tiene precio” nos acordamos de una producción venezolana llamada “Sacrificio de mujer” estelarizada por la desaparecida actriz Doris Wells y Raúl Amundaray allá por los setenta. En ella, transmitida, en su época, por Panamericana Televisión se le cuestionaba constantemente porque durante sus largos capítulos, la protagonista era objeto de innumerables y terribles tragedias que llegaban al hartazgo, sin embargo los últimos capítulos atraparon a la teleaudiencia, por el giro que da el guión y gracias a ello el peso actoral de sus protagonistas crece. ¿Y porque el recuerdo? Pues, porque observando los interminables “padecimientos” de la protagonista comparamos una y otra producción y realmente llegamos a la conclusión que así, con todo, el avance tecnológico que tienen este tipo de producciones, esta novela no logra atrapar a la teleaudiencia merced al poco peso actoral y a un guión soso y aburrido.

Primero que nada esta producción que pertenece a Televisa (merced a los intríngulis comerciales que tiene dicho emporio azteca en el mercado latino-norteamericano) y con el ánimo de ensayar “algunas fórmulas” nos presentan un guión basado en “La pobre señorita Limantour” (producción que jamás pegó en el extranjero y del que, de lo único que recordamos, es que fue “el debut y despedida” de Víctor Cámara en México luego del éxito que tuvo “Topacio” en tierras aztecas además de admirar a Thalia que luego de “Quinceañera” ya gustaban en sus roles secundarios en los que participaba).

Y en verdad que el guión hace agua por donde se mire, empezamos por los estelares. Seguimos preguntando ¿Por qué México ya no tiene grandes protagonistas? Y la respuesta estaría en que simplemente siembra lo que cosechó. Cuando allá por los noventa incursionaba con grupitos intrascendentes y actores con más bluff publicitario que intelecto profesional y que distaban de los grandes, como Julio Alemán ó Andrés García por decir algunos nombres, estos “cantantes” o actorcitos sólo con pinta de "galán", cuyo mayor mérito era tener grandes pectorales y caritas de ángel pronto, con más años, incursionaron en las telenovelas y en verdad poco o nada hicieron por el bien de este tipo de producciones. Pues ni Víctor González ni Víctor Noriega están para un estelar; esté último merece regresar al rol de villano que tan bien realizara en “Mujeres engañadas”. Ninguno está para un rol en el que se le debe exigir más. Susana Gonzáles poco puede hacer ante un guión que primero nos intenta presentar el caso de las muchas comunidades latinas que existen en los Estados Unidos, pero al que, conforme avanzan los capítulos, se aleja más y nos presenta una ciudad ficticia dentro de una historia irreal en el que se conjugan un potpurrí de nacionalidades, vale decir, actores mexicanos, venezolanos, cubanos y argentinos dentro de una historia enredada y sin un peso consistente. Para colmo los años pasan y asistimos a una siguiente generación sin que el guión presente alguna variación con detalles que no pasan desapercibidos como ver a una María Liz, medio loca, mendigando por calles de Miami y con un maquillaje digna de una Miss Universo.

En esta producción vemos algunos retornos tan poco afortunados, como el de Julieta Rosen demasiado fingida, Alma Delfina que no sabe que rostro poner en algunas tomas, Roberto Vander muy estático en sus escenas y hasta un Alan (ex Magneto), demasiado avejentado y desapercibido en la trama. El único que se salva es el gran Raúl Xiquez, bien dentro de un rol que le cae a la perfección y Víctor Cámara que a pesar de contagiarse, por momentos, de la irregularidad que reina en la producción, mantiene su presencia dentro de las producciones que ha grabado en Miami. Dentro de los nuevos rostros destaca Geraldine Bazan, espontánea y dulce por momentos y Titi Plaza que le pone fuerza a sus escenas. Aquellas que tanta falta hace, a lo largo de la novela. Por cierto los demás actores peruanos tienen roles desapercibidos e intrascendentes.

Sin duda hasta el momento Fonovideo sólo la ha acertado con “Gata salvaje” y ¿Por qué? Sencillamente porque ahí había un guión equilibrado con historias paralelas, tan interesantes, que no necesitaban de posiciones tan inverosimiles y porque además figuraban en sus estelares, actores que derrochaban simpatía e intelecto ante las cámaras, cosa que aquí, por lo menos no se percibe. Sin embargo no todo es malo hay algunos buenos momentos en la telenovela como las escenas de acción y la muerte de Araceli que es muy lograda, pero que se pierde pues el guión en lugar de levantar vuelve a su monotonía de siempre.

Susana Gonzáles no hizo buen negocio al aceptar un protagónico en esta telenovela, mejor le va en producciones dentro de su mismo país mientras Televisa todavía no logra mostrar un buen producto fuera de sus fronteras por ello seguirá con las ganas de destronar a Telemundo que la hace mejor gracias al buen manejo empresarial de dicha televisora cuya unión con las productoras de Colombia la llevan por el buen camino de posicionarse del mercado internacional. Con decir que “El amor no tiene precio” no camina ni siquiera en el país azteca y eso confirma que no basta con producciones ostentosas; y que raro que Televisa resbale en ese sentido pues a pesar de todo, sus productos realizados en México sí caminan bien como “La fea más bella” que nos aventuramos a decir es mejor que la original “Betty la fea” y que será motivo de otro futuro comentario, más adelante.