lunes, 19 de febrero de 2018

Colorina: No hubo 'canto de golondrina'

Culminó 'Colorina' una intensa segunda parte que intentó enterrar lo que fue su irregular primera parte. Lástima que no fuera el producto deseado. Muchos de los seguidores de las historias rosas criticaron duramente a Magdyel Ugaz quien, a pesar de no contar con el perfil requerido, su experiencia actoral fue determinante y supo apoderarse del papel casi al final de la historia.

Lima, 19 Febrero 2018, (El Informante Perú).- Culmina "Colorina' una producción de Del Barrio Producciones que se dividió en dos partes bien definidas. La primera etapa culmina con la fuga de la protagonista embarazada. Posteriormente en ‘Madre por siempre, Colorina 20 años después’, se detalla la vida de esta mujer convertida en empresaria y madre de tres hijos.

Pese a que la historia peruana está dividida, nosotros vamos a analizar la telenovela en su conjunto, según la adaptación, basada en la historia original de Arturo Moya Grau.

Esta telenovela nacional fue producida por Michelle Alexander, adaptación de Víctor Falcón y Eduardo Adrianzén con los libretos de Jimena Ortiz de Zevallos, Esteban Philipps y Rogger Vergara.

La historia (según sinopsis oficial)

Fernanda (Magdyel Ugaz) vive feliz en Tarapoto, en la Selva del Perú, con su padrastro Pelagio (Pold Gastello) y su madre Corina (Norka Ramírez), quien se encuentra gravemente enferma. Ella es novia de Aquiles Ramírez (Christian Domínguez) quien sueña con llevarla al altar. Una noche, Pelagio convence a Fernanda que debe conseguir dinero para una supuesta operación a su madre, para lo cual tendría que pasar una noche con Junípero Barboza (Carlos Victoria), un traficante de oro que recientemente había llegado al pueblo. Fernanda acepta la propuesta y luego intenta retractarse, pero es demasiado tarde. El sujeto la viola. Al día siguiente su madre muere y Fernanda queda bajo la protección de Barboza.

Al poco tiempo, ella escapa y se traslada a Lima donde conoce a Guadalupe más conocida como ‘Muñeca Montiel’ (Andrea Montenegro), una prostituta que se compadece por su situación y la lleva al Salón Kitty donde termina trabajando en el centro nocturno como prostituta y cantante. Una noche, Colorina y Muñeca son invitadas por Iván, (Juan Carlos Rey de Castro en gran papel) a la mansión de la familia Villamore. Allí, Colorina se reencuentra con Luis Carlos Villamore (David Villanueva) y en ese momento ambos se dan cuenta que ya se conocían; ya que Luis Carlos había acudido a Tarapoto con su esposa Diana (buena actuación de Alessandra Denegri), quien viaja con el propósito de intentar recuperarse del mal que la aquejaba. Ella fue diagnosticada con Esclerosis múltiple, una enfermedad degenerativa y mortal. En el mismo hotel donde esta pareja se hospeda, Luis Carlos ve a Colorina quien le pide ayuda para salvarla de Junípero Barboza. Lamentablemente el galán no puede ayudarla porque, en ese momento su esposa se pone mal de salud.

Al reencontrarse, ambos recuerdan aquella escena. Con el tiempo Colorina y Luis Carlos inician una relación que trae como consecuencia el embarazo de la muchacha. A partir de allí Fernanda es objeto de los planes malévolos de Matilde (Natalia Torres Vilar) quien desea quedarse con el bebe que tendrá la protagonista. Ella escapa de Lima y se refugia en Piura.

Transcurridos 20 años, Fernanda se cambia de nombre. Ahora se llama Fabiola Almazán y regresa a Lima donde la historia de alguna manera se repite. Pero, esta vez sus tres hijos ingresarán a la vida de los Villamore. Suceden varios incidentes que terminan por revelar la verdadera identidad de Fabiola. Luis Carlos finalmente la encuentra, surgiendo la pregunta que muchos televidentes se hacen: ¿Cuál de los tres, es el hijo de Colorina con Luis Fernando?

El libreto

Desde que se anunció la realización de esta historia, aquí en 'Simplemente Novelas', se señaló que 'La Colorina' sería el examen final para Michelle Alexander. Ya habíamos visto lo bien que le va en historias localistas. Desde "Dina, la lucha por un sueño" hasta "Mujercitas", la experiencia de realizar miniseries y telenovelas, además de contar con muy buenos guionistas, le serviría para producir ‘La Historia’ que sería el trampolín para producciones de mayor nivel.

Y es que, pese a todo, 'Colorina' no es cualquier guión. Desde que Valentín Pimstein la produjera en los ochenta, su trama pasó a convertirse en clásico en el mundo de las telenovelas. Además Michelle Alexander debió tener claro que producirla nuevamente la convertiría, de arranque, en realizadora de telenovelas rosas. Eso que tanto ella y sus colaboradores criticaron en el pasado.

'Solo los mediocres no cambian' reza un viejo dicho. En Del Barrio Producciones debieron tener claro que la historia no era la típica puesta en escena de la mesera vendiendo sus productos en las calles escuchando cumbias chicheras. Estábamos ante un drama que cuenta la vida de una bella prostituta, la más hermosa de todas, que gracias al amor que tiene por sus hijos logra convertirse en una señora de sociedad. Una 'Simplemente María' de los ochenta; ya no empleada del hogar sino prostituta de alto nivel. La lección era la misma: 'Por más bajo que te encuentres, solo tú puedes lograr la superación deseada'.

Por ello, era importante que Michelle Alexander y su equipo comprendieran lo que realmente habían adquirido de Televisa y lo trascendente que resultaba producir una telenovela como esta. Nos encontrábamos con ‘La Producción’ que daría un giro a las telenovelas nacionales y como tal se debía, no solamente contar con un equipo técnico de nivel sino contratar a lo mejor del talento nacional.

Para nuestro gusto, América Televisión nunca debió haber comprado ‘Colorina’, los mexicanos son muy hábiles, ofreciendo productos, actualmente, poco rentables (debido a su constante difusión). De hecho, actualmente, uno puede ver en el canal de cable, ‘Telenovelas’, de propiedad de Televisa, la segunda versión mexicana de la obra de Arturo Moya Grau, titulada “Salomé”, a cargo de Edith Gonzales muy efectista, aparatosa y poco elaborada argumentalmente. De hecho, el personaje de María Rubio (Lucrecia de Montesinos) termina en la alcoba con uno de sus abogados, años menor que ella; en clara similitud con el personaje de Natalia Torres Vilar en la versión peruana. América debió haber adquirido historias poco producidas como ‘Cuna de lobos’ que, incluso, constituía la trama perfecta para el perfil que tienen nuestros guionistas, más proclives a historias de este tipo que a las típicas novelas rosas.

Así como en su tiempo sucedió con 'Simplemente María', la segunda versión de 'Natacha' y 'Luz María'; por decir algunos nombres de telenovelas peruanas de éxito internacional. Igual sucedía en México cuando Valentín Pimstein producía 'El amor tiene cara de mujer', 'Esmeralda', 'María la del barrio; remake de libretos clásicos, historias que bien producidas no tendrían pierde y el rating estaría asegurado. Lamentablemente, nada de eso sucedió aquí.

La protagonista

Como decíamos, líneas arriba, la historia de Arturo Moya Grau describía a la protagonista como “una bella muchacha, que sobresalía por su suave piel, mirada sensual y belleza cautivadora que la diferenciaba de todas las demás prostitutas del cabaret”.

Valentín Pimstein interpretó el pensamiento del autor y convocó a Lucia Méndez y como segunda opción a Christian Bach, cualquiera de las dos, bellas y talentosas, serían las ideales para Pimstein. Cómo todos sabemos Lucia fue la elegida. Ella venía de realizar "Viviana", un clásico de telenovela que se convirtió en un éxito internacional (en el Perú, los televidentes quedamos enamorados con la belleza de la Méndez).

Partiendo de ello, es importante señalar que la protagonista debería contar con el perfil característico del personaje original. Cómo antecedente diremos que Susú Pecoraro, Liliana Ross e incluso Edith González, no lograron superar a Lucia Méndez como la 'chica ideal' de esta trama. Aquí no se discute el talento actoral (que, de hecho, les sobra a todas las mencionadas); sino el perfil más indicado para llevar el peso de una telenovela que, bien concebida, podía lograr los resultados deseados.

Cómo es conocido, Michelle Alexander presentó, un año antes, a Milett Figueroa como la 'Colorina' peruana. La joven, conocida por sus escándalos faranduleros, no tenía experiencia actoral, pero en el brieff promocional que realizó la productora bajo los acordes musicales de la cumbia 'Pecadora' del grupo Néctar terminó agradando. La joven derrochaba simpatía y belleza, aunque los cuestionamientos estaban a la orden del día por, en ese entonces, la nula experiencia actoral que tenía la modelo.

La realización de esta historia demoró más de lo previsto. Milett debutó en la actuación y no lo hizo mal. Aunque, tiempo después, Michelle Alexander anunció a Magdyel Ugaz como 'Colorina'. Dicen que fueron los ejecutivos de América quienes impusieron sus decisiones a la productora. No se sabe, a ciencia cierta, si eso es verdad, pero la polémica se inició: ¿Milett o Magdyel? Estaba claro que la productora sabía que la historia tenía dos etapas bien definidas, Colorina joven (con Milett la historia hubiera tenido otro rumbo) y Colorina adulta (Magdyel era ideal para esta segunda parte).

Michelle Alexander, podría haber tenido otra opción. Iniciar con Millet y luego empalmarla con Magdyel. Vale decir, se hubiera tomado en cuenta la opción de un tiempo ‘presente, futuro’. Como es el caso de la extraordinaria Mariana Torres y Adriana Roel, ambas personificando a Lupita D'alessio, un mismo personaje, en la serie mexicana "Hoy voy a cambiar". No tienen mucho parecido físico, pero en una ficción todo vale. En ese caso, el resultado fue positivo.

Además recordemos todos que Thalia, por ejemplo, muy muchachita hizo de joven enamorada y luego madre sufrida en ‘María, la del barrio’. Muchos criticaron el hecho de darle a aquella jovencita un papel de mujer mayor, pero los resultados dijeron lo contrario. El éxito les sonrió. Igual sucedió, en su momento, con Victoria Ruffo en ‘La fiera’.

A este redactor, no le interesa la vida personal de las actrices. Cómo en el fútbol, el talento se observa en la 'cancha'. Nadie duda que Magdyel es una actriz con mucha experiencia, pero no era la ideal para la primera parte de la historia. Incluso, hay momentos en que la cámara abre la toma y ofrece un ‘Close up’ del rostro de la actriz donde se hace notoria su nula expresividad y parecido físico con el perfil que se requería. Creemos que Alexander se decidió por ella dada su experiencia en la actuación porque en los momentos dramáticos la actriz sale airosa. Es más, en los primeros capítulos, donde se detalla sus inicios en el mundo de la prostitución, Magdyel no defrauda. Su talento no está en discusión. El problema surge después, cuando conoce a su galán y la química resulta prácticamente nula, pese al talento de los guionistas de crear ‘un antes y un después’ al conocer a su galán (un acierto en el guión desperdiciado por la nula expresividad de ambos).

Cómo hemos dicho, inicialmente, 'Colorina' es una telenovela rosa donde el amor predomina por sobre las historias paralelas. Fernanda y Luis Carlos deberían ser el prototipo del amor trágico como en su tiempo lo eran 'María y el maestro 'Esteban'; 'Natacha y el niño Raúl' o 'Lucecita y Gustavo'. Por eso el término 'rosa' (eso que tanto despotrican los puritanos), consiste en el derroche de pasión que deben mostrar en pantalla, los personajes principales terminando por encandilar al televidente. Y el público adicto a este tipo de historias lo tiene claro. Sabe de memoria la vida de ‘Colorina’ y al ver a Magdyel su decepción es total; así como le ocurrió a Susú Pecoraro en Argentina, extraordinaria actriz pero no con el prototipo de una prostituta bella y sensual.

Lamentablemente, el inicio es el que marca la pauta en toda historia y la que decide el gusto del televidente mayoritariamente. Pese a que su segunda etapa cautivó a muchos seguidores, esto no fue suficiente. Ahora, el público tenía más opciones para cambiar de canal y ver, por ejemplo, 'Te amaré por siempre', una producción turca que nos devuelve a la pareja de 'Las Mil y una Noches' (Onur y Scheherezade). La competencia estaba a la orden del día por eso los números no fueron buenos para la ‘Colorina’ peruana.

No hubo 'canto de golondrina'

Vayamos a la historia, 'Colorina' (primera parte) tiene un buen inicio, cuenta el origen de la protagonista y revela los motivos que la llevaron a prostituirse. La idea era buena. Sin duda, la dupla Adrianzén-Falcón saben su oficio y los melodramas de este tipo saben llevarlo al extremo. El problema es que la idea central, la belleza de la adolescente campesina se mantenía también en este argumento nacional y Magdyel pese a su talento, carecía del físico y el carisma que le imprimía Lucia Méndez. El público también lo percibía así, por eso las críticas estaban a la orden del día.

Volvemos a incidir en este argumento, la telenovela rosa tiene el prototipo de ‘la bella y el galán’ y eso, a pesar de las críticas y el tiempo, jamás ha logrado remontarse. Todo lo contrario. Cuando las historias clásicas fueron entendidas de otro modo, la producción no obtuvo el reconocimiento deseado. Cómo por ejemplo, 'Sin tu mirada' nuevo remake de 'Esmeralda' cuya sintonía no es, ni por asomo, lo que en su tiempo lograron las anteriores producciones basadas en el clásico guión de Delia Fiallo.

Después del contundente inicio, todo vuelve 'a la normalidad' y la historia baja ostensiblemente. Para empezar 'el salón Kitty' dejaba mucho que desear, muestra una pobre escenografía, un rojo fosforescente exageradamente resaltado y unos show pobremente reflejados; ni ‘El Ebony' de los años setenta, lucía de esa manera. Además las chicas no logran el impacto deseado, predominando las mujeres de más de 30 años y unas cuántas 'chicas' que figuraban de relleno y sin el talento deseado (entre ellas, Sheila Rojas en su debut como actriz).

Por otro lado, Vanessa Saba no tenía la fuerza interpretativa para personificar a "Yovanka", la propietaria de dicho antro del placer. Recordemos que en la versión mexicana, el cabaret de 'Colorina' era una decoración meramente representativa utilizada para el lucimiento de los protagonistas. Aquí se crean algunas historias paralelas para darle más trabajo a sus inquilinas nocturnas cuyo mejor momento recae en la tormentosa relación entre "Jezabel" (Laly Goyzueta), "Yovanka" y "Damián" (muy efectivo Renato Bonifaz). Fuera de ello, no hay algo digno de resaltar debido a que los protagonistas, llamados a levantar la trama, lucían demasiado apagados.

Cómo resaltábamos en las redes sociales, en su momento, los guionistas le dan el apelativo de "Muñeca Montiel"(nombre creado para Lupita Ferrer en "María Teresa" de Delia Fiallo) al personaje de Andrea Montenegro que se compenetra bien con su amiga "Fernanda". La recreación que hacen los libretistas peruanos a la historia que daría vida a 'los otros hijos’ de Colorina luce muy atractiva gracias al talento de Stephanie Orúe y un sorprendente Juan Carlos Rey de Castro como 'Iván' quien logra igualar en actuación al personaje de José Alonso en la primera versión mexicana de esta telenovela. Rey de Castro es el mejor actor de esta historia y un claro ejemplo de la diferencia que existe entre actor de reparto y protagonista. Qué distinto se ve a Rey de Castro personificando un papel hecho a su medida, muy diferente cuando lo colocaron como protagonista de "Solo una madre" (América Televisión-2017) donde nunca despegó.

El lado melodramático (género que más dominan nuestros creativos) destaca no solo por su bien condensado guión sino también por el talento interpretativo de nuestras figuras que, por su experiencia, saben sacar muy bien a sus personajes. Natalia Torres Vilar, aunque 'insoportablemente mala', junto a Jimena Lindo y Nicolás Fantinato en un rol tan bonachón como el que interpretó en su momento el gran actor español, Armando Calvo; destacan por su experiencia en escena. También sería importante nombrar a Elsa Olivero como Amy. Noten como, sin mucha pose, Olivero se complementa muy bien con Gustavo Mayer su pareja en la segunda parte de la historia. (Ambos se lucen y logran una buena química, tan ausente en los personajes principales). Mención aparte merece Alessandra Denegri logrando una buena interpretación como Diana, la primera esposa de Luis Carlos.

Uno de los problemas de esta producción es la ausencia de buenas locaciones y una irregular puesta en escena. Además los libretos redundaban muchas veces en lo mismo. Si se amplió el perfil de los personajes que trabajaban en el salón Kitty, estos debieron tener la concordancia o similitud con los problemas centrales de la trama. La vida de Gerard (Carlos Casella) y Orfelinda (Malory Vargas) no lograban despuntar dentro de la trama. Esto unido a la inexpresividad de Christian Domínguez como el novio celoso y luego el ‘caficho’ explotador de ‘Zuleika’ (Cindy Díaz); provocaban aburrimiento y ganas de seguir con la buena parrilla telenovelera que ofrecía, por ejemplo, Televisa gracias al cable.

El problema siempre es el mismo. El nulo acoplamiento actoral entre los protagonistas. Por cierto, ellos fuera de cámaras no tenían ningún sentimiento en contra; el problema es que el guión se preocupa en el melodrama rural y al llenarse de tantos personajes paralelos, unido a la poca química entre Magdyel y Villanueva, aleja al televidente de sus personajes principales en quienes deberíamos centrarnos realmente. No hay amor, apenas un beso después de dos capítulos. Además Colorina es todo, menos dueña de sus propias decisiones. No tiene fuerza interpretativa, luce insegura, no se impone nunca. La escena de la fuga en la casa de los Villamore es tan efectista que le quita el lucimiento que debe tener el personaje de Fernanda. Magdyel luce, por momentos muy estática y ‘no va más allá’ porque los libretos le quitan carácter y fuerza actoral al personaje. Al final esta mujer resulta tan pasiva como insoportable.

Segunda parte

'Madre por siempre, Colorina 20 años después', es el pomposo título que se dio para el inicio de la segunda parte de esta trama, mucho mejor que el anterior. Esto debido, a que el personaje de Magdyel Ugaz como Fernanda tiene mayor protagonismo melodramático. Y en ello, la actriz cuenta con mayor experiencia actoral. Felizmente los guionistas no perdieron el sentido de la idea central de la historia, en esta segunda etapa. La interrogante sobre los hijos de Colorina se mantiene y siempre está presente en alguna escena o diálogo. Esta vez, muchos televidentes contagiados por la intriga aceptan la trama. Todo por saber el desenlace final.

Por cierto, los hijos de la Colorina tienen formas de hablar diferentes, dos se expresan como peruanos y uno como extranjero. En el caso del talento juvenil, ninguno defrauda. Los mejores resultan Jesús Neyra, Emanuel Soriano y Andrea Luna. Por otro lado, Rebeca Ráez como Cielo luce terriblemente impostada y con el mismo estilo interpretativo que realizó anteriormente en otras telenovelas. La muerte del personaje resultó sorpresivo y hasta pudo ser más impactante pero la interpretación, totalmente fingida, hasta para desfallecer, lo echaron todo a perder.

Lo mejor de esta segunda parte es lo cuidadoso que son, los guionistas, en protegerse de aquellos detalles que podrían perjudicar la trama. Por ejemplo, estaba claro que hoy en día fácilmente con cualquier examen de ADN se podría conocer cuál es el hijo de ‘Colorina’. Los guionistas dejan entrever que ello si es posible y lo revelan en talentosos diálogos. Incluso el tema de la prostitución, tan escandaloso en otras épocas, es dejado de lado. Ni siquiera los hijos se escandalizan con tamaña revelación, que tanto se destacaba en las anteriores versiones.

El momento en que ‘Colorina’ revela la verdad a sus hijos consolida a Magdyel Ugaz. La actriz no tiene que sentirse mal por no contar con el perfil ideal para la protagonista. La actriz supo aprovechar su experiencia y el papel, de esta segunda parte, es para ella. Además el dúo Adrianzén-Falcón vuelve a darle el lugar que merece a sus villanos cuyo cierre es decoroso, igual a la que corresponde al escritor Alan Tramontana (Giovanni Arce). El capítulo final resulta la conclusión ideal para una historia que tuvo sus altas y bajas. Incluso toman prestado el antológico dialogo entre Lucia Méndez y Enrique Álvarez Félix y le dan respuesta a aquella interrogante que destacó, en su primera versión mexicana, por el silencio del galán quien bajo los acordes del tema a cargo de Camilo Sesto cerraba la trama producida por Valentín Pimstein

En resumen, una lástima que ‘Colorina’ no haya resultado lo que se esperaba. Lo hemos dicho repetidamente, Michelle Alexander debe comprender que una telenovela no solo cuenta con villanos formidables sino deben contar con protagonistas que derrochen simpatía, talento y carisma. La productora tiene sus preferidos y, parece, no evalúar el rendimiento actoral de su grupo. La ausencia de buenos actores protagónicos dificulta la realización de una buena historia romántica. Cómo me decía un colega periodista, el otro día: "Con la vuelta de Lucho Llosa habrá mayor competencia, ya América no correrá ‘sola’. El problema es que nuestros productores no muestran equilibrio en sus decisiones, mientras Michelle Alexander opta por lo chicha y rural; Llosa piensa en adolescentes de San Isidro y Miraflores". Veremos que nos depara este año que recién se inicia. 'Colorina se quedó en el intento. Para otra vez será.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Efectivamente Colorina fue mala en su primera parte y buena en su segunda etapa. Los escritores fallaron al no darle mayor lucimiento y romanticismo a la pareja. Magdyel, bravo...su actuación me asombro..

Anónimo dijo...

Lo mismo de siempre, no hay guionistas ni tenemos buenos actores. No me gustó la historia pero al final me atrapó el querer conocer al hijo de Colorina. su final fue bueno. Nadie es castigado ni siquiera Iván quien siente como placentero estar en la cárcel. Hay que encontrar actores con talento..